Los viajes de G. J. Ulises

¿Qué puede hacer que una persona quiera compartir con desconocidos un viaje en búsqueda de sí misma? ¿Hablar de lo visto, lo leido, lo escuchado, lo pensado, lo soñado, lo opinado, lo vivido...? Ustedes me lo dirán, a ello les invito.

Nombre:G. J. Ulises
Paradero:el mar..., entre la Ítaca perdida y la Ítaca soñada

G. J. Ulises fue desterrado por sus pecados de una Ítaca que él creía idílica y resultó no serlo... Cogió lo que podía salvar de su vida anterior (sus discos, lecturas, imágenes, películas, ideas, relatos y recuerdos) y emprendió un viaje por un mar desconocido. Consciente de la imposibilidad de volver a su tierra, pero con la esperanza de encontrar otra Ítaca en la que renovar sus sueños, busca en este viaje compartir todo lo que tiene con aquel que quiera leerle... y, como cuenta el famoso poema de Kavafis, espera también aprender de todo lo que reciba durante su singladura, con la ilusión de arribar a esa nueva Ítaca con todo lo ganado en el camino.

22.10.05

Añil

Una noche en la que paseaba a sólas bajo la cubierta, bajo un cielo mortecinamente estrellado, el Añil se acercó lo suficientemente como para que pudiera ver mejor a su única pasajera. No era lo que la mayoría de mis marineros llamarían una belleza, pero había en ella una hermosura que irradiaba de un rostro que inspiraba confianza y serenidad... a la par que reflejaba cierta tristeza contenida. Bajo sus ropajes se adivinaba una silueta cautivadora, promesa de sensualidad y alegres instantes a compartir... sin embargo, lo mejor que podía ofrecer estaba muy lejos de lo que yo imaginaba en ese momento...

Estaba absorto en su contemplación cuando la joven echó el ancla y me hizo señas... una fuerte corriente impedía que los dos barcos se aproximaran, y la distancia no era lo suficientemente corta para entablar una conversación comprensible... Le sugerí lo mejor que pude usar un sistema de espejos y el lenguaje de la luz reflejada en ellos para comunicarnos, cosa que aceptó.

Durante varias noches aprovechamos el silencio sedante de la oscuridad para contarnos nuestras penas y alegrías... Añil, tal era su nombre también, era una princesa de un lejano reino convulso del que había huido tras unas malas experiencias sentimentales y la muerte del buen rey que tanto la había querido y tanto había hecho por su pueblo... Había sufrido además atentados contra su persona y era victima de las intrigas y cotilleos palaciegos. Como yo, padecía el mal llamado depresión y arrojaba botellas al mar con pergaminos en los que contaba sus penas y alegrías...

Poco a poco creció una corriente de afecto entre ambos, afecto que por mi parte fue derivando en algo más... Había tanto que nos unía... el mismo interés por las artes, muchas experiencias vividas, el gusto por el buen vino de Micenas, la coincidencia de nuestros momentos de tristeza y un buen humor cercano a veces a la embriaguez... Una noche reuní las fuerzas necesarias para citarnos en su barco, usando yo una de las lanchas del mío e intentando salvar la fuerte corriente que nos separaba. Para mi sorpresa y alegría, aceptó y volví a mi camarote pleno de sensaciones ávidas y contradictoriamente felices y dubitativas...

Me despertó al alba uno de los marineros y me hizo saber que el Añil ya no estaba... incrédulo, salí a cubierta y donde antes estaba el objeto de mi felicidad ahora había un vacío. Otro marinero que había lanzado las redes al agua recogio una botella con un mensaje... Cercano a la histeria, rompí el envase y leí las garabateadas líneas del pergamino... Añil me informaba en él que el oráculo de los dioses se le había aparecido, conminándola a volver a su tierra y tomar las riendas del poder en el reino... Entre el deber y el afecto, había escogido lo primero.

Enfebrecido vi como el abismo se abría a mis pies y me maldecía por la mala suerte que parecía acompañarme en mis relaciones afectivas... algo que se confirmó cuando días después llegó un nuevo mensaje embotellado de Añil, informándome que, además, se había enamorado de un príncipe con el que esperaba encontrar la estabilidad necesaria para reconducir su vida y su reino...

Agravada mi depresión ante los imposibles designios de los dioses, pasaron semanas antes de que volviera a saber de Añil. Una noche su barco volvió a aparecer cerca del nuestro... nervioso, volví a hablar con ella... estaba confusa porque las labores de su reino y su relación con su príncipe estaban agotándola y extrayendo lo mejor de su alma y tenía dudas sobre si podría resistir esa presión el resto de su vida... añadió que no podía olvidar esos buenos ratos pasados juntos en la distancia...

¿Qué podría hacer yo? Hice lo que jamás creí poder hacer, no soy hombre que se entrometa en otras historias, pero la desesperación puede llevarnos a actos de los que no somos conscientes. Esa noche cogí la lancha y cruce la corriente para reunirme con Añil. En ese momento éramos dos almas a la deriva necesitadas de apoyo mutuo...

Nunca olvidaré esa noche, aunque a día de hoy me haya producido tanto dolor como alegría... no pasó nada que Eros y Venus quisieran que pasara, simplemente fuimos dos amigos dándonos consuelo y alegría, quizá haciendo planes mentalmente los dos, planes de difícil cumplimiento dada la situación de ambos. Al terminar la velada, cuando nos despedimos, había en nuestras miradas la idea de una futura lucha cerrada entre hacer lo correcto o ceder al instinto...

En Añil pudo más la fidelidad a su reino y a su otro amor que la pasión por un hombre con él que sólo había pasado una hermosa noche... volví a mi barco y nuevamente, al amanecer, su nave había partido...

En las semanas posteriores me llegaron noticias de Añil y hasta intercambiamos algún mensaje. Ella me hablaba de cómo parecía tranquilizarse y empezar a ver una luz en el horizonte, aunque tuviera lógicos miedos y dudas sobre si había escogido bien... Para mi vergüenza debo admitir que aunque tibiamente la apoyé, me dejé llevar por arrebatos de infantil desesperación y le recordé lo mucho que significa para mi... Por las noches, en mi delirio, sueño que a pesar de todo estamos juntos, que aún tengo una oportunidad... No creo tener derecho a planteármelo, ni a poner a Añil en un apuro, pero un hombre desesperado no puede pensar racionalmente... Quizá ella tenga la fuerza de los dos y sepa decidir para bien o para mal...

El contramaestre me informa de que el augur predice que en breves días las mareas serán propicias y podremos salir del arrecife en el que estamos encallados... Ello supondría alejarme de Añil y mantener una amistad en la distancia que valoraría evidentemente como el mejor de los tesoros... pero siempre lamentando el capricho de los dioses y como manejan nuestros hilos a su albedrío... a no ser, como dicen el sacerdote de a bordo, que todo tenga un lugar en el plan infinito de Zeus...

La marea se acerca y tengo que tomar una decisión...

La canción de hoy

Siempre había encontrado está canción una de las más sensibles y tiernas historias de amor jamás contadas... Lo tiene todo: pasión, entrega, sensualidad, celos, miedo, pérdida y sufrida resignación. En mi situación actual, se vuelve dulce y tristemente personal...

El breve espacio en que no estás - Pablo Milanés

"Todavía no pregunté «¿te quedarás?»,
temo mucho a la respuesta de un «jamás».
La prefiero compartida antes que vaciar mi vida
No es perfecta mas se acerca
a lo que yo simplemente soñé..."

Imagen tomada de Plaza Boricua

3 Comments:

Blogger La Dama Blanca said...

Es......tan real, tan bonito y tan triste.....hoy yo también me siento triste, como tu relato...(pero es un secreto, nunca dejo que vean brotar lágrimas de mis oscuros ojos).
Te estaré leyendo Ulises de Itaca, no dejes de lanzar botellas.

un beso

12:29 AM  
Blogger La Dama Blanca said...

Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

12:29 AM  
Blogger G. J. Ulises said...

Muchas gracias Dama Blanca... pero el final de la historia parece ser más triste aún... léete el mensaje de arriba. Y la verdad, agradecería consejos y que alguien me dijera qué he hecho mal, si tengo razón o no... No quiero convertir esta bitácora en un consultorio de Elena Francis, cuando esté más animado habrá otro tipo de posts, pero tras veinte años de relación monógama me temo que quizá me falte tacto para actuar en las relaciones con el otro sexo... La verdad es que estoy bastante por los suelos ahora. Y me temo que Añil no está mucho mejor que yo, y me horroriza pensar que yo sea el culpable...

4:29 PM  

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