La puñalada
Está claro que los dioses están empeñados en castigarme por todos los pecados cometidos, por mi falta de madurez, por... pero no sé si el castigo es desmedido o el que merezco. Otros deberán juzgar, yo no puedo porque mis fuerzas flaquean y mi mente es un hervidero de contradicciones...La cuestión es que con la llegada de la marea, éramos libres de reanudar nuestro viaje, errático pero viaje a fin de cuentas, y envié legados a Añil proponiéndole celebrarlo mediante una cena que podía ser la cordial despedida... aunque no puedo ocultar que mi alma ansiaba más... No tenía muchas esperanzas, en principio la princesa mostraba reticencia y anteriores desengaños me hacían temeroso y suspicaz. Para mi sorpresa, o como premio a mi insistencia, aceptó, y acometí los preparativos con la ilusión de un adolescente... decoré mi camarote con los corales más hermosos que mis marineros pudieron encontrar, dispuse una mesa ornada de velas, aromático incienso y perfumado sándalo, ordené desempaquetar las más sabrosas viandas disponibles, el mejor vino de las bodegas de Ítaca y dulces dátiles y pasas de las tierras de Oriente...
Esperaba la noche de la cena con nervios e ilusión... pero también con el sentimiento ominoso de que algo no iba a funcionar... que los dioses no permitirían a mi atribulada alma ni un sólo momento de felicidad...
¡Cuantas veces quisiera no tener razón en mis presentimientos! Pero lo sucedido superó mis previsiones más negativas... Una flota de barcos fuertemente armada apareció como por ensalmo esta mañana... Se nos obligó a recibir a unos malencarados emisarios del príncipe de Añil, que leyeron un mensaje del mismo en el que la princesa no sólo rechazaba mi invitación sino que además dejaba clara su intención de no querer recibir más mensajes mios y de no volverme a ver, con lo cual, literalmente, el príncipe me conminaba a abandonar esas aguas y no volver jamás a intentar contactar con mi dama soñada...
Una vez más el vértigo de tantas relaciones rotas o fallidas me hizo desfallecer... Intenté razonar con los emisarios, les pregunté por qué era el príncipe quien me hacía saber esto, que gustosamente cumpliría la voluntad de Añil si era ella quien me lo pedía personalmente, y no a través de lacayos de un noble grosero y sin educación... Los mensajeros me insistieron en que el mensaje había sido redactado delante de la propia Añil y que ella lo suscribía plenamente...
¿Qué puedo creer? ¿Qué las señales que Añil me mandó eran equivocadas, malinterpretadas por mi? ¿Que la persona culta, afable, fuerte, capaz de salir adelante en las circunstancias más adversas era incapaz de decirme personalmente que entre nosotros sólo podía haber una amistad y que abandonara otras ilusiones? Juro por los dioses del Olimpo que si me lo hubiera dicho, lo habría hecho... Pero cada vez que intentaba sacar su obsesiva presencia de mi mente, hablando con ella, me mostraba sus dudas y miedos... y señales inequívocas de que en ella también había más que afecto por mi... ¿Todo fue una mascarada? ¿Es Añil una hechicera de la estirpe de Circe? Los dioses no lo quieran...
Me siento decepcionado y frustrado... siempre pensé que por lo menos Añil y yo podíamos ser amigos, hablar ocasionalmente de nuestra vida, nuestras experiencias, nuestras emociones... bastaba con que ella me dejara claro su amor por otra persona y que yo me curara de mi enamoramiento... Pero ahora no sé que pensar.
¿Es este el castigo por pretender un amor prohibido? ¿He hostigado demasiado a Añil hasta el punto de que ha roto y se ha venido abajo? ¿Sólo sentía compasión por mi? En este momento, todo lo que necesito es saberlo de su propia boca, y si he cometido un error y mi presencia le es hostil, poner proa al lugar más alejado de su reino...
Los embajadores del príncipe acallaron todo intento de diálogo al respecto y se marcharon... por mi parte, he confiado a Mercurio, el único dios que parece tener un poco de conmiseración hacia mí, un último mensaje a Añil, suplicándole que en homenaje a los buenos momentos vividos, sea ella quien cierre nuestra humilde e inocente a mi pesar historia juntos...
He ordenado que el barco permanezca anclado unos pocos días más, con la esperanza de que en breve vuelva a aparecer en el horizonte el barco con el mascarón de proa de la violeta y nos digamos adiós como deben hacerlo dos buenos amigos, con un abrazo y un "hasta siempre"... Me dice el contramaestre que no es conveniente tentar a Poseidón, que la marea no siempre será favorable y que si dilatamos la espera corremos el riesgo de volver a quedar varados. Le tranquilizo diciendo que puedo estar deprimido, pero no loco... Pase lo que pase, en dos días como mucho nos iremos. Con mi corazón sangrante cicatrizando gracias al bello recuerdo de Añil o con el puñal abriéndose camino hacia lo más profundo de mi alma con poca esperanza de cura...
Entretanto, con estas últimas líneas se me han ido las fuerzas de escribir durante unos días…solo quiero acostarme y rumiar mi desgracia en solitario..
La canción de hoy
No hay mucho más que decir... la canción es suficientemente explicativa.
Quiero beber hasta perder el control - Los Secretos
"Nunca he sentido igual una derrota
que cuando ella me dijo «se acabó»".
Nunca crei tener mi vida rota
ahora estoy solo y arrastro mi dolor."
Imagen tomada de Arte Loca Gallery, copyrright Álvaro Enciso
G.
J. Ulises fue desterrado por sus pecados de una Ítaca que él creía idílica y
resultó no serlo... Cogió lo que podía salvar de su vida anterior (sus discos,
lecturas, imágenes, películas, ideas, relatos y recuerdos) y emprendió un viaje
por un mar desconocido. Consciente de la imposibilidad de volver a su tierra,
pero con la esperanza de encontrar otra Ítaca en la que renovar sus sueños,
busca en este viaje compartir todo lo que tiene con aquel que quiera leerle...
y, como cuenta el famoso poema de Kavafis, espera también aprender de todo lo
que reciba durante su singladura, con la ilusión de arribar a esa nueva Ítaca
con todo lo ganado en el camino.









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